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sábado, julio 31, 2021
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Belén San Román: ¿porno venganza? ¿Femicidio? o ¿instigación al suicidio agravado por violencia de género?

Por: Dra. María de los Ángeles Petit

El “suicidio” de la policía Belén San Román, luego de la viralización de un video íntimo publicado por su ex pareja ha puesto en tema de debate y análisis, los que alguno consideran una “pornovenganza”mientras otros solicitan se encuadre en un femicidio.

En verdad, el caso de Belén es un caso típico de los tantos casos que son caratulados por la justicia en el país como “suicidio” cuando esa acción fue instigada, provocada por una serie de conductas violentas que pueden ir desde la laboral, sicológica, sexual y física.

Son muchas las mujeres, que presionadas, agobiadas por las actitudes de sus parejas o ex parejas, generalmente en privado, deciden que la única forma de poder salir de esa tortura es la muerte.

Quizás, el caso de Belén , joven, bonita y policía, que elige el camino de la muerte ante la publicación de un acto íntimo y privado como lo son las relaciones sexuales, en esta época de primacía de la tecnología, hace que aparezcan nuevos términos como el de “pornovenganza”, término popular con el que se denomina la sextorsión o pornoextorsión del que hay un proyecto de ley con media sanción en el Senado Argentino en julio de 2020, que busca aumentar las penas para los casos de difusión sin consentimiento de imágenes y videos sexuales obtenidos en la intimidad estableciendo como condena una multa de hasta $267 mil y hasta 10 años y medio de prisión a aquellas personas que pongan al alcance de terceros ese material que viola el derecho a la privacidad.

Sin embargo, el caso excede esa sola acción y algunos analistas consideran que debe ser caratulado como femicidio, una agravación del homicidio definido en el art.80 del Código Penal.

Aunque a muchos les pese hablar de ello, en Argentina el femicidio no es una figura penal autónoma, sino que es una figura de agravación del homicidio cuando éste se realice “con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que se mantiene o ha mantenido una relación”. … Y digo esto, porque en el país en que muchos hablan del tema, no han podido a la fecha determinar expresamente al femicidio como figura penal.

Entiendo, que la muerte de Belén no encaja en esa definición, así que o bien esperamos que se apruebe la ley de sextorsion o será muy difícil encuadrar el accionar de su ex pareja en delito penal que implique cárcel efectiva.

Sin embargo, de las notas y análisis publicado, la decisión de Belén no se corresponde solo al hecho de la publicación de su intimidad, sino que evidencia que es producto de una serie de hechos que eclosionaron con la publicación, por lo que el hecho del suicidio, de determinar su propia muerte, fue instigado por quien desde hace tiempo la presionaba sicológicamente, al menos.

Desde hace un año, y se encuentra en estado parlamentario, existe un proyecto en el que hemos trabajado con la Diputada Mayda Cresto sobre el agravamiento de la pena de instigación al suicidio cuando éste sea el resultado de la violencia de género que la victima ha sufrido y que la ha llevado a un camino sin un final visible para ella.

Como expresé al principio, son muchas los casos que estadísticamente se encuentran caratulados como suicidio de mujeres cuando en realidad son instigados, provocados por las actitudes y acciones de un agresor.

Párrafo aparte merece el hecho de que Belén era Policía y que se entiende fue su agresor el que envió el mensaje anónimo a Asuntos Internos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires denunciando la existencia de las imágenes sexuales de ella con el fin perjudicarla también en su lugar de trabajo.

¿En una época en que la defensa de los derechos de la mujer es una bandera y que se buscan aplicar nuevas políticas de género destinadas a reconocerlos y defenderlos, puede aceptarse que un caso de violencia laboral, sicológica, laboral y/o física de una mujer pueda ser analizada y resuelta por hombres?

Hace más o menos un año, luego de una serie de charlas que realicé en la Departamental Concordia de Policía, y escuchando, en privado, a muchas agentes mujeres, surgió la urgente necesidad de que las fuerzas de seguridad cuenten con oficinas especializadas dentro de ellas para la atención de las denuncias que las oficiales y agentes mujeres puedan realizar sobre violencias ejercidas por sus compañeros o por sus parejas, porque ellas mismas nos dicen que no pueden denunciar porque son castigadas, hostigadas y hasta dejadas de lado por equipos compuestos por hombres.

Belén es una víctima.

Víctima de su agresor, pero también de un sistema legal e institucional que no hizo ni hace nada para comprenderla y ayudarla.

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