Cuando el 27 está delante del 10 y después del 24 con el 11 cómo anécdota

Por Sergio Fischer Director

Si Mauricio Macri logra evitar nuevos escollos en el plano económico, al menos hasta las elecciones, podrá conservar su caudal de votos, pero sobre todo asegura el pasaje para que llegue a diciembre y concluya el mandato.

De ahí surge el título de esta columna.

Macri arranca el último tramo de la campaña electoral, que a esta altura, con la derrota a cuestas y la crisis económica de fondo, resulta tan imperiosa para retener, aunque más no sea, el 32 % de los votos que cosechó en las internas del 11 de agosto, como para terminar su mandato sin mayores sobresaltos.

A pesar de las muestras de optimismo que se observaron luego de la marcha de apoyo a la “república” del 24/8, el ánimo va mutando hacia un moderado pesimismo.

El clima predominante en la Casa Rosada es la resignación y un duelo indisimulable, más allá de que públicamente se intente trasladar la no creíble idea de que puede ser posible dar vuelta el demoledor resultado de las PASO.

Las últimas encuestas muestran un escenario que nadie del oficialismo preveía, incluso, tras el 11/8.

Que Alberto logre menos del 45%, que Mauricio esté debajo del 10% por detrás, es una meta inalcanzable que ya desechan hasta los más optimistas del círculo presidencial.

El silencio avala la hipótesis de una derrota, no solo segura, más amplia de lo esperado.

Apostar al voto útil es algo que ya se descarta. Lograr mantener el piso del 32% parece ser el principal objetivo aunque, las “medidas populistas” atentan contra la lealtad del núcleo duro.

Mauricio sabe que tiene las horas contadas cómo presidente. Sólo espera llegar al 10 que está más lejos del 27.

Hoy por hoy nadie se anima a preguntarle al presidente qué planes tiene para el futuro.

Saben que enfrenta varios desafíos simultáneos: gobernar un país con una economía que no da respiro, y llegar al 10 de diciembre de la mejor manera posible y poder convertirse, para la historia institucional de nuestro país, en el primer Presidente en llegar al Aconcagua, en barco, despúes de la tormenta y sin las lluvias de inversiones que abriguen la esperanza de un brote verde, en cumplir su mandato sin tener el sello del PJ.