Deudas que se pagan sin dinero

Por Sergio Fischer - Director de INFOPARANA

El estado, en este caso la municipalidad, cuenta con personal suficiente para combatir uno de los flagelos que aquejan a la ciudad sin embargo, tras 60 días de gestión, el gobierno municipal de Paraná parece no haber tomado nota que, lo del tránsito, es una deuda que se paga sin dinero.

El estacionamiento indebido es una infracción que se observa de manera cotidiana.

Ningún mortal que transite las calles de la capital administrativa de Entre Ríos puede desconocer esta realidad.

En las horas más intensas del tránsito la doble fila, por caso, se presenta como un obstáculo para la fluidez vehicular, especialmente en las calles más concurridas.

En líneas generales, lugares críticos son donde hay escuelas u oficinas de la administración pública y el sector más afectado es el microcentro, es decir, el perímetro que rodea y enmarca a los ámbitos en los que habitan quienes tienen la potestad de terminar con este flagelo.

El transporte público, los propios colectiveros, generan y son victimas del caos.

El estacionamiento sobre rampas de acceso a micros, rampas para personas con dificultades motrices, veredas ocupadas por vehículos, doble fila, entre otros, son los padecimientos del transporte; la otra parte de la historia es la utilización de carriles para autos dejando el carril exclusivo para su tránsito, por caso en calle Gualeguaychú.

Pero los problemas no solo se circunscribe al microcentro, los accesos a la ciudad poblados de transito pesado sin que el municipio controle las arterias limitadas para este tipo de vehiculos (Jorge Newbery por ejemplo) aportan lo suyo.

El ciudadano deberá entender que el uso y costumbre no es norma y que las normas están para ser cumplidas pero para ello será necesaria la intervención del estado para atender la problemática sin caer en el yerro de pretender con estas regulaciones perseguir el objetivo de, solo, recaudar.

Para comenzar a aplicar los correctivos sólo es necesario disponer de los recursos humanos disponibles para comenzar con un proceso de concientización sin tener que disponer de más recursos de los que hoy ya dispone el municipio. Es un flagelo que se puede resolver sin plata, es una deuda que se puede afrontar sin mayores costos.

Es, en definitiva, una deuda que se puede pagar sin plata.