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El derecho a sustituirnos

Por: Alejandro Di Palma 14/07/2022

A partir de los dichos mendaces del actual presidente de CAICHA (CÁMARA
ARGENTINA DE LA INDUSTRIA DE CACINADOS Y AFINES), publicados el pasado
12/07/2022 en el portal TN.com.ar, se ha abierto otra grieta en el país, una grieta que,
esta vez termina de romper definitivamente la cadena de valor del sector Porcino.
En esa editorial referida, el presidente de CAICHA, entiendo que en términos
“institucionales”, asegura DESCARADA e IRRESPONSABLEMENTE que, en el transcurso
de 20 días, la carne porcina aumentó un 40%, declaraciones que resultan ser una
flagrante “operación mediática” con un tinte de “cuasi denuncia”, la que persigue
exclusivamente, la justificación del incremento de las manufacturas que utilizan esta
materia prima a partir de un cambio en la regulación de las licencias automáticas de las
importaciones, una medida acertada del gobierno.
Según el índice que publica el mismo CAICHA (Índice capón CAICHA) hay que
remontarse al 22 de Septiembre del 2021 para encontrar un precio tal que, el actual
precio del “capón en pie”, resulte presentar un incremento del 40%. De manera que
queda expuesto el cinismo de semejantes declaraciones que, reiterando conceptos,
persigue justificar un festival de importaciones gravoso para el conjunto de los que
producimos cerdo en este país, los productores primarios.
Estas curiosas afirmaciones del hijo de Lita de Lazzari, se inscriben en un escenario
donde las importaciones de carnes porcinas alcanzaron valores sin antecedentes
históricos y representan la reacción natural del efecto primitivo de subsidiar la
SUSTITUCIÓN DE PRODUCCIÓN Y TRABAJO NACIONAL, una acción cuya reacción, es la
desaparición de pequeños y medianos productores nacionales, esos que representan
más del 90% de las granjas productoras del país.
Todo indica que Gustavo Lazzari, fiel a las recomendaciones de su señora madre (Lita,
con la que crecimos los que “peinamos canas”), “camine señora… camine”, en alusión
a la búsqueda de los mejores precios, llevó esta actitud ecónoma, a un estadío
superior y es así como Lazzari Junior, encontró los mejores precios, pero en OTRO país
(Brasil), un beneficio que a pesar de DESTRUIR EL TRABAJO ARGENTINO, viene en
combo con el acceso a un tipo de cambio, tan conveniente, que reducía el valor de sus
compras a la mitad, ¿cómo podría “Junior” despreciar los beneficios de un dólar hiper
subsidiado?
Finalmente, el inefable “Lacha” (como lo llaman los amigos a Gustavo Lazzari), pudo
acceder al paraíso de los ecónomos de la mano de un gobierno “distraído”, precios de
“reviente” disociados de los costos, vía libre para importar y tipo de cambio
subsidiado… un combo imposible de evitar, tan tentador que hace que se activen
todos los recursos intelectuales en la búsqueda frenética de “sostenes morales”, esos
que justifiquen el MAGNICIDIO DE PRODUCTORES PORCINOS que se obtiene como
resultante.
Los reclamos de las bases, los “verdaderos productores porcinos”, en relación a este
festival de importaciones, fueron invisibilizados inclusive por algunas de las
Instituciones que, aun pretendiendo representarnos gremialmente, negaban o
minimizaban el daño al sector, idéntica actitud que la asumida por este gobierno
Nacional y de los gobiernos Subnacionales que “miraban para el costado” mientras era
llevado adelante el “festival de importaciones cárnicas”, la vil y absurda sustitución de
la producción nacional por manufacturas extranjeras, una materia prima que, por su
precio, sostenía la fantasía de una renta descomunal en el negocio del fiambre y de los
importadores.
Denunciamos sistemática y formalmente, la maniobra de importar carnes congeladas a
precios viles que luego de ser descongeladas eran vendidas como carnes frescas y
Argentinas. Ese ejercicio de prestidigitación que explica la extinción de Productores
Argentinos, venia en combo con millonarias rentas para los ganadores del MODELO
IMPORTADOR, entre los cuales podemos citar a la industria de los chacinados.
Una industria que sigue sosteniendo como muletilla y a modo de explicación que “hay
que importar porque la producción local no alcanza”, una sentencia que se sostiene
desde hace 20 años y a pesar de que la producción primaria porcina creció 6,7 veces
en ese lapso, sigue siendo una coartada verosímil para burócratas cada vez menos
preparados para gerenciar la producción argentina.
Particularmente el Sector Porcino fue impactado por el ensayo de una Política
Monetaria que sostiene un dólar subsidiado, en conjunción con una permeabilidad en
la administración de las importaciones, que fue celebrada por el presidente de CAICHA
y ahora añorada, luego de la disposición 8/2022 del Ministerio de Desarrollo
Productivo que define las licencias como NO automáticas en el caso que nos ocupa.
Es casualmente en el fundamento del comercio exterior, donde el daño propinado a
nuestro sector “productor primario” resulta injustificado, siendo el mismo, el de:
estimular la economía del país, fomentar el empleo, aumentar la oferta de bienes y la
producción nacional; vemos que, al contrario de estos fundamentos, la sustitución de
nuestra “producción nacional” por una foránea, destruye empleo y producción.
El problema que resuelve el comercio exterior, a saber: dónde colocar los excedentes
de producción y dónde abastecerse de insumos NO PRODUCIDOS EN EL PAÍS, es
flagrantemente vulnerada por la propuesta de Lazzari, que pretende seguir adelante
abasteciéndose de productos importados, aun siendo que los mismos pueden ser
producidos localmente y de la misma manera, su torpe pretensión, resuelve el
problema de la colocación de los excedentes de producción, PERO DE OTRO PAIS que
no es Argentina.
UN ACTIVO ESTRATEGICO
Vemos que en definitiva una de las problemáticas de nuestro sector productor
primario, es el resultante de la FALTA DE REGULACIONES serias, una omisión dolosa
que vemos que resulta funcional para algunos eslabones de la cadena de valor porcina,
algunos de los cuales son representados por CAICHA.
Fue la liberación salvaje de las barreras sanitarias, la que posibilito la importación a
mansalva de carnes de cerdo desde lugares, que inclusive, presentan problemas
sanitarios que implican un riesgo serio para, quizás el más preciado activo que nuestro
sector posee, el “STATUS SANITARIO”.
A fin de analizar este último tema, es decir, el cuidado del “STATUS SANITARIO” que
representa en sí mismo, EL ACTIVO DE ALTÍSIMO VALOR ESTRATÉGICO con el que
cuenta nuestro País y transitivamente el sector “Productor Porcino Argentino”, es que
resulta indispensable evitar las importaciones que dolosamente se permitieron
durante este último periodo y que justifican la gran crisis que el sector transita, pero
fundamentalmente explican la desaparición de gran parte de los “Pequeños
Productores”, que son más del 90% de las granjas de producción
UNA PELEA FEROZ
En definitiva, debemos reconocer que estamos ante una “pugna distributiva”, un
concepto que alude a la disputa establecida por la distribución de la riqueza que se
genera a través del proceso productivo, al que nuestro sector da comienzo.
En este enfrentamiento tan feroz, que NO puede resolver la pretendida sociedad o
interrelación entre eslabones, los subsectores de la cadena de valor, están “luchando”
por la forma en la que se distribuye la renta total de la cadena. Es un proceso
absolutamente común pero que nuestro sector, el “sector productor primario porcino”
jamás ha podido interpretar.
Una vez definidos los costos de producción, en donde intervienen en un 70%
commodities dolarizados, que solo son suavizados por los “derechos de exportación”
(retenciones), nuestra renta queda definida por el valor del “capón en pie”, una única
variable cuya hermenéutica nadie alcanza a comprender, como se “forma” y quien lo
hace, es parte de una ecuación que aceptamos que sea resuelta misteriosamente por
“EL MERCADO”. Un “mercado” que, en algunos momentos, resuelve sustituirnos
reduciendo nuestra renta, es el derecho a sustituirnos el que Lazzari reclama
institucionalmente.
Del otro lado del mostrador, recién estamos interpretando cuales son las reglas de
este juego.

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