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martes, abril 23, 2024
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El León sin valor y sin templanza

Ateneo Argentina Soberana: Joel Tornero, Gabriel Biscarreta, Oscar Barbieri

Sin lugar a dudas venimos de una situación compleja desde hace tiempo en nuestro país, que atraviesa todos los órdenes de la vida de las personas. En el cansancio de un transitar pesado la sociedad argentina canalizó su hartazgo hacia una opción electoral que ahora es gobierno. Había una esperanza depositada en lo que se presentaba como nuevo, pero que a la luz de las acciones y de las figuras del gabinete actual no gozan de ninguna novedad.
De una expectativa a que el gran problema de nuestro país, que es la situación económica compleja se solucionara, pasamos a una desazón generalizada de un horizonte futuro truncado por decisión política del presidente.
El caos genera incertidumbre, y cuando el caos es propuesto por el presidente, la incertidumbre se propaga como un gran tsunami. Ya no se sabe ni siquiera cuanto va a valer el colectivo, la luz, el gas, el combustible, la leche, el pan, etc. el mes que viene, ni la semana que viene, pero si existe la certeza premeditada que aumentará todo considerablemente salvo los salarios y las jubilaciones, que las han pisado con cínico desprecio. Es acá cuando se configura la gran estafa electoral, ya que la promesa de campaña fue que el ajuste lo pagaba la casta, y ahora resulta que lo paga la gente, la mentira está al descubierto.
En este contexto la sociedad argentina ha quedado desprotegida ante la acción vil de un presidente que no ve, no sabe o no entiende lo que pasa fuera de una oficina donde está encerrado leyendo un Excel y mandando mensajes por redes sociales, y de una oposición política que no ha podido metabolizar y hacerse cargo de lo no hecho y de reposicionarse con nuevos actores para nuevos tiempos.
Un presidente siempre enojado resulta llamativo, se trasluce inseguridad detrás de esa máscara. Detrás de los gritos autoritarios se deja entrever alguien con miedo, detrás de cada afirmación fundamentalista basada en textos abstractos, surge la sospecha de ignorancia. Resulta lamentable que siempre quiera imponer sus ideas de modo caprichoso cuando lo que se espera de una sana convivencia democrática es que se escuche a los diversos actores de nuestra sociedad construyendo consensos. Afortunadamente existe un orden institucional iluminado por nuestra constitución que encuadra el accionar de todos, en especial del presidente, que al parecer cree que está por fuera de este ordenamiento.
Cada vez que alguien plantea opiniones que cuestionan su “gran saber absoluto”, los ataca desmesuradamente, intentando denigrarlos, algo al menos poco digno de un mandatario. Intentar generar desconfianza en todos, en las instituciones, los artistas, los políticos, los docentes, etc.. (no se salva nadie) no es más que un intento de imposición de una mirada única basada en una creencia casi infantil de que ostenta la verdad absoluta.
El pedido de diálogo, la puesta en juego de diferentes intereses, poderes, todo esto que implica saber gobernar, es leído en términos de un ataque, es una amenaza, y entonces se busca ubicar a esos otros como objeto del mal (casta- orcos- corruptos) , alentando y justificando el odio y la violencia y los fanatismos peligrosos.
Más que el que vino a despertar leones, es el que vino intentar devorar a quién lo contradiga, más que a resolver los problemas de nuestro país, parece que vino a una revancha personal de experiencias pasadas ajenas a los intereses de nuestra patria.
Sr. Presidente, recapacite, todavía puede enderezar el barco que ahora navega perdido en la oscuridad que ud. generó.

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