La necesaria interpelación sobre la ética periodística

Por: Sergio Fischer, Director

Raúl Ciarrocca, hombre de valores y de gestos altruistas poco conocidos por muchos, quedó entrampado por la utilización de una faceta de su vida que algunos conocemos y disfrutamos.

“Rulo”, apodo con el que lo identificamos en el medio, suele despacharse íntimamente con algunas consideraciones con un solo propósito, el de hacer reír a sus interlocutores.

Sin el sustento de guionistas y apelando a la improvisación, apela a la utilización de nombres propios para referir a una situación determinada que solo alberga en la genial mente de una prodigioso humorista espontaneo. Suele imaginar situaciones que traduce en historias.

Esa espontaneidad, en ocasiones, lo lleva a utilizar –Sin medir consecuencias- nombres de personajes del ámbito donde se mueve.

Empleado de carrera de uno de los poderes del estado, Ciarroca utiliza con desparpajo y naturalidad los nombres de dirigentes para subirlos a un escenario imaginario y situarlos en situaciones desopilantes.

Alguna vez, “Rulo” escribió en su perfil de redes sociales:
“Estaban unos viejitos camperos después de 65 años de casados disfrutando unas vacaciones más que gasoleras, despierta la viejita mirando al cielo y dice viejito parece mentira estar a tu lado me hace ver este cielo estrellado….vieja nos robaron la carpa jajaajajajajaja. Muchas veces el amor no te deja ver la realidad”

Ese mismo texto, que en un audio para amigos podría contener nombres, bien podría utilizarlos para adjudicar la desaparición de la carpa. (Vieja vinieron el Julio, el Gustavo, la Laura y nos robaron la carpa).

Claro que hay diferentes formas de interpretar el humor. También hay formas de ejercer la amistad y el periodismo.

Hacer un juicio de valor sobre las expresiones de un humorista para poner en duda la institucionalidad de un estado, desde un audio privado y elaborado por un cómico, creo que abre el debate sobre los límites de le ética periodística.

Abrir juicio de valores por los dichos de una supuesta fuente, y apelando a la utilización de un envío privado, no es un método saludable para la profesión que elegimos. Nos expone; sin medir consecuencias sobre los efectos que en otras personas pueda producir nuestra avidez de trascender, nos convierte en miserables.