Las comparaciones y los odios

Por Adrián Fuertes

Por estos días el país ejemplo es Chile. En efecto cómo en la actualidad parece que tienen alguna vacuna más que nosotros, ellos son el éxito y nuestro país el fracaso.

 

Hay un sector político y mediático que disfruta de denigrar la Argentina. Una vez que logran convencer a los distraídos que somos lo peor del mundo culpan de eso a los peronistas.

Incluso, hace un tiempo, a través de su monumental usina comunicacional lograron hacerle creer a la gente que hubo 70 años de peronismo culpable de nuestras desgracia, cuando cualquier niño de 1° grado que sepa sumar puede averiguar que de los 205 años de historia de nuestra patria, solo 37 fueron gestión del peronismo mientras que los otros 170 fueron otros partidos y gobiernos militares que, en general han coincidido económica o ideológicamente. De lo que se puede determinar claramente los tiempos de responsabilidades de gobierno y , ergo, de culpabilidades y méritos de la situación de nuestro país.

Hace poco el vecino ídolo era el Brasil del Capitán Bolsonaro. Como ahora explotó se hacen los sotas y rumbean para Chile, que según ellos es mejor que nosotros. Cuando Chile caiga en desgracia buscarán otro país para compararnos. Su sueño es el modelo EE.UU pero como allá acumulan cadáveres en camiones frigoríficos y el ex presidente mandó orcos a destruir el parlamento, metieron ese modelito al banco de suplentes hasta que aclare. Siempre la cuestión es denigrarnos. Suerte que cada vez más gente se da cuenta.

El inolvidable y sabio Arturo Jauretche definió la histórica intención de los poderes reales y permanentes que nadie elige diciendo:

“…Nada grande se puede hacer sin alegría, nos quieren tristes para que nos sintamos vencidos. Los pueblos deprimidos no vencen ni en el laboratorio ni en las disputas económicas…”

Dicen que puede llegar la segunda ola de Covid, propongamos enfrentarla unidos como nación y sin denigrar a nuestra querida Argentina.

Solo así venceremos al Covid y a los múltiples problemas que tenemos como sociedad.

El “divide y reinarás” ya es demasiado vetusto y conocido para que lo sigan usando en contra de los propios interéses de nuestra gente.