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sábado, mayo 21, 2022
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No soy yo, sos vos

Por Sergio Fischer

Sentenciar que quién intenta exculparse descargando responsabilidades en los demás de manera sistémica puede parecer algo pretencioso, sin embargo puede ser un disparador para abrir un debate sobre el accionar de un gobierno que busca desentenderse de los problemas que va generando descargando responsabilidades en una multiplicidad de factores.

La agenda de problemas promete agravarse, mientras tanto se apela al voluntarismo para tratar de contener uno de los flagelos que, si bien afectan al común de los mortales, parece contribuir, al mismo tiempo para resolver la ineficacia e ineficiencia del comando económico.

El primer punto que hace mella en los ingresos de los más desprotegidos es la inflación.

Todas las acciones del gobierno equivalen a decir que está más enfocado en administrar la inflación que en bajarla.

¿La razón? Se trata de una herramienta silenciosa de control de gastos, ya que todo aquello que pueda ser ajustado algún punto menos que la variación promedio de los precios, en el fondo sufre una reducción en términos reales.

El Ministro de economía, Martín Guzmán, ya usó esta fórmula el primer semestre del año y en el segundo, cosechó niveles extraordinarios de recaudación gracias a la suba del costo de vida.

El ajuste inflacionario le permitió, aún en un año electoral, situar el déficit primario muy por debajo de la exigencias del FMI para un acuerdo stand by con el tesoro.

Este formato de ajuste permite presentarlo como un plan de desarrollo pero la verdad está en el deterioro del poder adquisitivo de los ingresos de la sociedad.

En términos reales, se contrajo la capacidad de compra casi un 50 % en dos años.

La declaración del Presidente Alberto Fernández diciendo que “espera que la inflación siga bajando” o que “la misma depende del esfuerzo de todos”, es tan asombrosa como preocupante.

Cabe señalar, forzosamente, que la reducción del déficit fiscal 2021 vino de la mano del levantamiento de las ayudas que debieron gerenciarse por la pandemia generada por el covid y de la erosión de jubilaciones y planes sociales de manera que, quizás en nuestro caso, el parámetro de evolución sea “la pobreza”.

Pobreza que seguirá incrementándose en la medida que la única variable de ajuste sea una devaluación acompañada de inflación.

Solo un iluso puede confiar en que la inflación se desacelerará aumentado tarifas de energía, tasas de interés y salarios que atentan contra el equilibrio de costos de producción y la rentabilidad que persiguen los empresarios.

Pero las dificultades no concluyen ahí.

Las nuevas medidas que deberá adoptar para acomodar las cuentas a los requisitos endógenos son una incógnita.

El campo no le aportará lo esperado. Tanto el maíz como la soja (está ultima resistente a la sequía) no tendrán los rendimientos esperados.

El problema ya no solo es del productor que ve como las mazorcas no cargan granos y lo que prometía ser un gran año terminó en rollizos para alimentar animales.

El problema es ahora también del gobierno. Las retenciones no serán ahora una faceta que permita abastecer al tesoro de los dólares necesarios para financiar el déficit.

Primero fue el endeudamiento de la administración Macri, le siguió la pandemia y el otro ajuste ya tiene un responsable. La crisis climática.

Sin embargo, cómo alguien alguna vez dijo, la única verdad es la realidad. La culpa no es del resto, es que no saben como reaccionar y planificar una salida para la crisis multifacética en la que estamos inmersos y, en apariencia, condenados a afrontar siendo victimas de ajustes sistemáticos.

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