Alejandro Di Palma, referente del sector, analizó el impacto de la apertura de importaciones y la caída del consumo. Denuncia que el modelo actual fomenta una «concentración económica salvaje» y el vaciamiento del campo.
Por Redacción Economía | Martes, 24 de febrero de 2026
Lo que comenzó como una oportunidad para el sector porcino ante el precio prohibitivo de la carne bovina, se ha transformado en una encerrona económica. En diálogo con la prensa local, el productor Alejandro Di Palma advirtió que la decisión política de abrir las fronteras a cortes subsidiados de Brasil está empujando a los pequeños productores a un «éxodo» hacia las periferias de las grandes ciudades.
Bajo el término «bondiolicidio», los productores describen una realidad donde la importación de proteína animal no busca equilibrar precios, sino que responde a una «cuestión ideológica» que ignora los costos de producción local.
1. La sustitución de proteínas y el «precio prohibitivo»
Di Palma sostiene que existe una decisión gubernamental de que la carne de vaca deje de ser el alimento básico de los argentinos para alinearse con los precios internacionales. «El consumo de proteína se está desplazando voluntariamente hacia el cerdo y el pollo, pero en lugar de proteger esa industria nacional creciente, el gobierno facilita su destrucción con la apertura de importaciones», señaló.
2. Apertura de fronteras: «Importamos subsidios extranjeros»
Uno de los puntos más críticos de la entrevista fue el análisis de la competencia con el mercado externo, especialmente con Brasil. Para Di Palma, Argentina está ensayando un «librecambio plano» que no existe en el resto del mundo.
-
Competencia desleal: «El mundo no te compra, el mundo te vende. Cuando abrís las fronteras sin medir nada, lo que hacés es importar los subsidios de otros países (energía, transporte, impuestos) que nosotros no tenemos», explicó.
-
El dilema del precio: El productor criticó la visión de mirar únicamente el precio en góndola: «Si solo mirás el precio, empezás a dudar de la definición de país. ¿De qué vamos a vivir si fundimos a los que producen?».
3. El círculo vicioso del crédito y la quiebra
Di Palma desmitificó la idea de que las empresas cierran por cuestiones ideológicas. «Nadie se jubila de ganar guita», sentenció, aclarando que el cierre de grandes firmas como Lácteos Verónica o los ajustes en Fate y Acindar responden a la desaparición de la rentabilidad.
-
La matriz de costos: El productor explicó que el capitalismo virtuoso requiere una renta que permita pagar el crédito y amortizar el capital.
-
Quebranto: «Cuando desaparece la renta, no podés pagar el dinero que pediste prestado. Ahí es donde la economía se apaga y el productor quiebra».
4. El efecto social: Del campo al suburbio
El análisis no fue solo económico, sino también sociológico. Di Palma alertó sobre los «efectos de segunda ronda» que la política suele desestimar: el desarraigo.
«Cuando quebrás a un tipo en el campo, lo obligás a terminar en el suburbio de una gran ciudad, en una villa de miseria, alimentando complicaciones urbanas y delincuencia que surgen de esa falta de oportunidades», advirtió.
5. Una crítica a la «inconsistencia liberal»
Finalmente, el productor comparó el modelo argentino con el de potencias como Estados Unidos: «Donald Trump, en la economía más liberal del planeta, es un proteccionista rancio de sus sectores productivos. Acá copiamos solo la mitad del modelo».
Para Di Palma, el camino actual no es una modernización, sino una equivocación que está dejando a miles de trabajadores «a la vera del camino», mientras se importa mano de obra extranjera a través de productos terminados.
