El buffer de combustibles no estabilizó el precio: redistribuyó quién absorbe la volatilidad, y lo hizo en un solo sentido

Por primera vez desde que empezó el conflicto en Medio Oriente se admite que hay margen para que baje la nafta. Si bien la noticia se presenta como un alivio. Conviene leerla de otro modo, la pregunta relevante no es si el precio de surtidor baja, sino QUIÉN DECIDIÓ EL MOMENTO EN QUE BAJA Y QUIÉN SE QUEDÓ CON LA DIFERENCIA MIENTRAS TANTO. El mecanismo es conocido. YPF (con más del 60% del mercado) activó el 1° de abril un esquema de amortiguación (Buffer) que sostuvo la nafta súper en torno a los $2000, lo prorrogó el 14 de mayo y lo dejó vencer a fin de mes. Durante el pico del precio del Brent, el buffer evitó que la suba internacional se trasladara entera al surtidor. Hasta ahí, la versión amable. El problema aparece en la letra chica del propio esquema, antes de trasladar la baja, las refinadoras deben recuperar (vía las llamadas cuentas compensadoras) el margen resignado durante la “guerra” (que nadie asegura que se terminó). Es decir, el mismo instrumento que puso techo a la suba ahora pone piso a la baja. Eso no es estabilización. Es asimetría. Un amortiguador simétrico devolvería con la misma velocidad con que retuvo; este retiene rápido y devuelve despacio. La suba se adelanta (en Marzo el combustible aumento el 24%), la baja se difiere. El nombre del fenómeno es viejo en la literatura de precios de combustibles: “cohetes y plumas”. Sube como cohete, baja como pluma. Conviene revisar la premisa que sostiene todo el andamiaje, la de las ganancias resignadas. Toda la justificación para no bajar hoy descansa en que el sector sacrificó margen y tiene derecho a recomponerlo antes de ceder. La nota periodistica se apoya en un índice de Empiria que compara el precio mayorista de los combustibles con el del crudo (131 en enero de 2026, 100 en abril). El problema es de eslabón. El buffer no operó sobre el precio mayorista sino sobre el surtidor, es decir, sobre el minorista; lo que se sostuvo en torno a los $2000 fue el valor al público, no el de salida de refinería. Ese índice mide la relación entre crudo y mayorista, describe el margen de refinación, no lo que pagó el consumidor ni lo que el sector dice haber resignado en el surtidor. Y ese tramo (el minorista, más la cuña impositiva) es justamente el que el índice no aísla. Aún tomado en sus propios términos, muestra un margen mayorista que se normaliza y se estabiliza, no uno que se derrumba; pero el sacrificio que se invoca vive en el eslabón que el estudio no mide. Conviene además ubicar la suba en el calendario. El salto se dio en marzo, antes del buffer: el surtidor subió alrededor del 24% sin amortiguación de ningún tipo. Cuando el esquema arrancó, el 1° de abril, esa suba ya estaba consumada. El buffer no la contuvo, solo la cristalizó. Tomó un precio que acababa de subir y lo fijó como piso, “estabilizándolo” en torno a los $2000. NO SE AMORTIGUA UN SHOCK QUE YA PASÓ, SE LO CONVIERTE EN PUNTO DE PARTIDA. Lo que se presentó como protección fue, en los hechos, la consagración de la suba previa. Hay además una confusión de costos que conviene desarmar. El argumento de que el precio interno refleja un crudo más caro que los USD 73 actuales asume que el surtidor sigue al Brent peso a peso. No lo hace. El crudo es alrededor de un tercio del precio final; el resto son impuestos (ICL e IDC), corte de biocombustibles, logística y márgenes. Una caída del Brent de USD 82 a USD 73 (en torno al 11%) llega diluida al surtidor. Por eso la frase hay margen real para una baja es cierta y vaga al mismo tiempo, el margen existe, pero es chico, y nadie lo cuantifica porque cuantificarlo lo volvería decepcionante. Queda lo estructural. El esquema funciona porque hay un formador de precios con más de la mitad del mercado y un resto que replica. Esa coordinación (presentada como prudencia sectorial) es la condición que permite administrar la baja de manera ordenada en lugar de competir por trasladarla. En un mercado disputado, la primera petrolera que baja se lleva la demanda; acá nadie baja hasta que el líder lo habilita. LA AMORTIGUACIÓN, VISTA DE CERCA, ES LIDERAZGO DE PRECIOS. Y queda la advertencia de método. Casi todo lo sustantivo de la cobertura proviene de fuentes del sector. No hay regulador, no hay consumidor, no hay autoridad de competencia. SE REPRODUCE LA CONTABILIDAD DEL OFERENTE COMO SI FUERA LA CONTABILIDAD DEL SISTEMA. LA DIFERENCIA IMPORTA, EN LA CONTABILIDAD DEL OFERENTE, LAS GANANCIAS RESIGNADAS SON UNA DEUDA QUE EL CONSUMIDOR DEBE SALDAR ANTES DE COBRAR LA BAJA; EN LA DEL SISTEMA, SON UNA HIPÓTESIS SIN AUDITAR. El final escribe solo, dentro de una serie que vengo sosteniendo. El subsidio cambió de dueño; la rebaja también. El buffer no eliminó la volatilidad: la redistribuyó. Y la dirección del traslado es asimétrica. CUANDO EL BARRIL SUBE, LO PAGA EL CONSUMIDOR YA. CUANDO BAJA, LO COBRA PRIMERO LA REFINACIÓN. La nafta, quizás, baje en agosto. La pregunta que la nota no hace (quién amortiguó a quién entre abril y agosto) ya tiene respuesta.
Alejandro Di Palma Miembro de IESO JUNIO 2026
