Saneamiento restringido como factor de desigualdad

Por: Dr. Enrique T. Cresto,

En la actualidad, el derecho a un sistema adecuado de saneamiento residual se encuentra restringido para 4.500 millones de personas que viven sin servicios sanitarios gestionados de forma segura. Además, 892 millones de personas siguen defecando al aire libre y 1.800 millones de habitantes del planeta beben agua no potable que podría estar contaminada por heces.

El hecho de que millones de personas carezcan de servicios sanitarios seguros significa que es necesario reflexionar en torno a la falta de saneamiento como factor de desigualdad.

Según el informe del Indec de abril de 2020, en Argentina son 1.800.000 los hogares que poseen ¨saneamiento inadecuado”: no cuentan con baño, o lo tienen fuera del terreno, o lo comparten con otros hogares. Muchos otros poseen un desagüe del baño, pero sin conexión a la red pública.

El Estado de bienestar es aquel que además de garantizar la conquista permanente de derechos, también vela por los aspectos más privados e íntimos de las personas, como es la higiene y dignidad. Es por eso que, desde ENOHSA, nos inspiramos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible para establecer prioridades e implementar políticas públicas que achiquen las brechas existentes, producto de la falta de saneamiento adecuado. En esa línea, es pertinente destacar que el presupuesto de obras públicas destinado al agua y saneamiento pasó del 5% en 2019 a casi el 25% en 2020.

Sumado a ello, resulta necesario crear institucionalidad para mantener en el tiempo los avances que estamos encarando gracias a la iniciativa del presidente Alberto Fernández, para garantizar a largo plazo el 100% de cobertura, independientemente del color político que gobierne. Ello sería posible mediante una ¨Ley del Agua¨, que establezca que el 25% del presupuesto de obras públicas debe ser destinado a agua y saneamiento. Esta exigencia también debería extenderse a los presupuestos provinciales y municipales.

El escenario post pandemia cambiará el paradigma de las obras públicas y el sector de agua y saneamiento ya es la principal prioridad en el mundo. Hablar de saneamiento no se trata solo de un baño, significa priorizar la salud en su máxima expresión; el pilar fundamental que hace a la calidad de vida de las comunidades. Además, el baño trasciende sus propias condiciones edilicias, ya que un buen sistema de saneamiento mejora el ambiente y hasta la actividad económica de un país.