Tras varias semanas de relativa calma en los surtidores, el inicio de julio trajo consigo un nuevo e inesperado incremento en el precio de los combustibles en todo el país. Para analizar los factores detrás de esta medida, Alejandro Di Palma, referente del sector estacionero, dialogó con FM Litoral y brindó una mirada crítica sobre la carga impositiva, la falta de transparencia en los aumentos y la situación de crisis energética que atraviesa la Argentina.
El fin de la prórroga fiscal y el rol de las petroleras
Según explicó Di Palma, el último ajuste en los valores de la nafta y el gasoil se había registrado a mediados de mayo de forma muy leve. El incremento aplicado a partir del 1 de julio responde directamente al vencimiento de los plazos de prórroga que el Gobierno Nacional venía sosteniendo para congelar los impuestos específicos del sector.
«Concretamente, lo que pasó es que aumentaron los impuestos. Se especuló en algún momento con que las petroleras quizás iban a resignar una parte de su jugoso margen de ganancia acumulado durante los meses de conflicto bélico en Medio Oriente para no tocar el precio final, pero el Gobierno se equivocó. Las petroleras no quieren ceder lo que ganaron y el Estado tiene un problema de recaudación evidente».
Para el especialista, el panorama actual deja en desamparo al consumidor: «Ha quedado un escenario compuesto por todos los actores a los que a nadie le interesa que el combustible baje. No hay nadie puesto en el lugar del conductor». Además, señaló que ante una inflación en descenso, las empresas y el Ejecutivo encuentran menos resistencia social para convalidar los ajustes.
Carga impositiva: un problema global con matices locales
Al ser consultado sobre si los impuestos ya representan o superan el 26% del precio final en surtidor, Di Palma lo confirmó, aunque aclaró que la alta presión fiscal sobre la energía es una tendencia global y no un fenómeno exclusivamente argentino.
Como ejemplo, citó publicaciones recientes del expresidente estadounidense Donald Trump, quien presionó públicamente tanto a las petroleras norteamericanas por sus altos márgenes como al estado de California por el peso de sus tasas locales. Sin embargo, Di Palma marcó la contradicción política a nivel local respecto a las promesas de campaña de la actual gestión nacional y criticó que los fondos recaudados por el Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL) no se traduzcan en mejoras visibles para la infraestructura vial del país.
Crisis energética y la falta de incentivos para la inversión
El referente del sector vinculó la situación de los combustibles con una problemática mucho más amplia: la crisis energética estructural que afecta principalmente al suministro de gas para la industria y el consumo residencial, recordando episodios del año pasado en ciudades turísticas como Mar del Plata.
Frente a los discursos que argumentaban que la falta de inversión privada se debía al atraso tarifario, Di Palma fue contundente:
«Hoy tenemos valores absolutamente elevados en términos internacionales y, sin embargo, no se está produciendo ningún tipo de inversión. Estamos en el medio de una crisis energética no reconocida, imposible de invisibilizar y sin inversión».
El misterio de las pizarras automáticas
Di Palma también aclaró que, aunque la firma Shell (cuyos activos locales fueron adquiridos recientemente por un consorcio empresarial) suele acaparar los titulares al aplicar las subas, el incremento impositivo impactó en todas las banderas por igual, incluida YPF. “YPF aumenta y no te lo dice nunca. Modifican a distancia los precios de los surtidores en forma automática y el operador se entera cuando llega a la estación de servicios”, advirtió.
Bioder: producir a largo plazo en un contexto adverso
Finalmente, Di Palma se refirió a la actualidad de Bioder, el emprendimiento de producción y cría porcina ubicado sobre la Ruta 18, cerca de la localidad de Viale. A pesar de los planes de expansión de la unidad de negocios, reconoció las severas dificultades que afronta cualquier proyecto productivo en el país.
«Cada vez que tenés que poner un peso para un ladrillo, tenés que pensarlo 457 veces en Argentina porque no hay una política productiva definida», lamentó, señalando que la falta de certezas sobre el mercado a futuro y el aumento en la importación de carne de cerdo configuran un escenario complejo. Pese a todo, confirmó que la firma avanza en el último tramo de una inversión planificada desde hace casi cinco años: «No será el mejor negocio hoy, pero decidimos terminarlo de una vez por todas».
