El indicador de JP Morgan se ubicó en 490 unidades este viernes, impulsado por la suba de los bonos soberanos. Quedó a un paso del récord de la gestión actual. Sin embargo, el clima financiero contrastó con las llamativas discrepancias discursivas entre el Presidente y el ministro de Economía respecto a la situación social.
Buenos Aires, 29 de mayo de 2026. – La plaza financiera argentina vivió otra jornada de optimismo este viernes. El riesgo país consolidó su tendencia a la baja y se afirmó por debajo de la barrera de los 500 puntos, ubicándose en las 490 unidades promediando la rueda, lo que representa un retroceso de cuatro puntos respecto al cierre anterior.
Con este valor, el índice que elabora el JP Morgan quedó a tan solo 8 unidades de alcanzar su nivel más bajo en la gestión de Javier Milei, registrado el pasado 29 de enero cuando tocó los 482 puntos. La mejora actual se fundamenta en un nuevo avance de los bonos de la deuda pública (tanto Bonar como Globales progresaron hasta un 0,7%) y en el arrastre positivo de los primeros días de mayo, luego de que la calificadora Fitch elevara la nota de la deuda argentina de «CCC+» a «B-» con perspectiva estable.
Según la agencia internacional, la mejora responde a un avance estructural en los saldos fiscales y externos, la acumulación de reservas de divisas y el progreso en la agenda de reformas económicas del oficialismo. En sintonía, las acciones locales acompañaron la tendencia: el índice Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires subió un 1,8% (alcanzando los 3.141.701,05 puntos) con papeles que escalaron hasta un 6%, mientras que en Nueva York los ADRs argentinos mostraron alzas de igual magnitud.
El cortocircuito de los datos: ¿12 o 14 millones?
A pesar del viento a favor en los mercados, el frente político interno exhibió una inesperada falta de sintonía fina entre los máximos responsables de la conducción económica. Durante sus respectivas presentaciones en el Latam Economic Forum celebrado el jueves, el presidente Javier Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, expusieron cifras marcadamente distintas sobre el impacto social de su gestión.
En su discurso, el mandatario nacional afirmó que las políticas adoptadas por el Palacio de Hacienda junto al Ministerio de Capital Humano «sacaron a 14 millones de argentinos de la pobreza».
Poco después, el propio ministro Caputo arrojó un dato diferente al asegurar que fueron 12 millones las personas que abandonaron esa condición. «Hay un 25% de la población que está mejor. Esto es un dato duro», enfatizó el titular de Economía para salir al cruce de las críticas de la oposición.
La realidad de las estadísticas oficiales
La diferencia de dos millones de personas entre el relato del Presidente y el de su ministro generó desconcierto, especialmente porque ambos argumentaron basarse en los registros del cierre de 2025. Desde el Ministerio de Capital Humano, conducido por Sandra Pettovello, intentaron mantener distancia de la disputa numérica aclarando que la cartera se rige por los porcentajes oficiales del INDEC y no por conteos nominales propios.
De acuerdo con el INDEC, la pobreza en Argentina se ubicó en el 28,2% durante el segundo semestre de 2025 (una baja de 9,9 puntos porcentuales interanual), mientras que la indigencia descendió al 6,3%. Sin embargo, la paradoja radica en que el órgano oficial de estadísticas precisó que, bajo esos porcentajes, la pobreza afecta actualmente a 13,5 millones de personas. Esta cifra totaliza el universo actual de pobres en el país, lo que vuelve matemáticamente inconsistentes las afirmaciones de que «salieron» de la pobreza 12 o 14 millones de personas en los últimos meses.
La advertencia de los especialistas: ¿Una baja real o metodológica?
Para sumar complejidad al debate, Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), aportó una mirada analítica que relativiza el optimismo oficialista. Si bien convalidó que los datos del INDEC muestran una baja, advirtió que el indicador podría estar reflejando un «espejismo» estadístico y que la pobreza real muestra signos de estar en ascenso debido a los cambios en los patrones de consumo.
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El peso de las tarifas: Según Salvia, las familias gastan hoy una proporción mucho mayor de sus ingresos en servicios públicos que hace dos décadas, en detrimento de la adquisición de alimentos.
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Canastas desactualizadas: El especialista explicó que el índice de precios utilizado para actualizar las canastas de pobreza utiliza ponderadores del año 2004.
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El efecto distorsión: Al no estar registrada la estructura de gastos actual de los hogares modernos, se genera una medición que muestra una caída de la pobreza «extraordinaria» en los papeles, pero que no se condice con la capacidad de consumo real en la calle.
De esta manera, el Gobierno de Milei navega en una doble realidad: una macroeconomía que sigue cosechando guiños positivos de Wall Street y las calificadoras de riesgo, frente a una microeconomía cruzada por debates estadísticos y una fragilidad social que aún genera discrepancias en la propia mesa chica del poder.
