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miércoles, mayo 22, 2024
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Cuando la justicia es lenta, la verdad huye

Por Sergio Fischer

Hay quienes sostienen que la afirmación de que “la justicia lenta no es justicia”, tiene como único propósito menguarle legitimidad a la justicia.

Mientras, algunos sentencian que la justicia es siempre justicia; podrá ser tardía, pero es justicia al fin.

Si bien la ley penal previene los delitos amenazando a todos los ciudadanos con penas, para que se abstengan de delinquir, en el proceso la ralentización de las acciones juegan en contra de la efectividad del postulado.

No se pretende con estas lineas cuestionar el instituto de la “prescripción de la acción penal”, que recoge el código penal y que hasta la Corte Suprema de la Nación reconoce cómo legítimo y valioso. Tal es la función del derecho penal.

Pero todo esto solo aplica a la instancia penal preparatoria para la elevación a juicio de un encartado. Sin embargo, hay instancias previas que ameritan ser analizadas.

Volviendo sobre la frase “Nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía”, atribuida al célebre filósofo, político y pensador Seneca, aunque fue enunciada hace mucho tiempo sigue siendo de actualidad.

Es ahí donde la opinión pública juzga el accionar de las fuerzas de seguridad y de la justicia.

La frase se aplica entonces a la lentitud con la que, a veces, se toman decisiones de carácter judicial e impactan en el accionar de las fuerzas de seguridad.

Dos elementos que deberían actuar en una misma sintonía y que por momentos parecen vivir realidades paralelas.

Cuando la sociedad que demanda un accionar ágil de la fuerza de seguridad ve en la dilación para imponer medidas tendientes al esclarecimiento de hechos delictivos observa como, un escollo jurídico, permite a la verdad huir. Porque cuando el tiempo pasa, es la verdad la que huye y sin verdad, es poco probable que haya justicia.

Es ahí donde, a pesar de las coincidencias que se puedan tener en que la justicia aunque tarde siempre será justicia, si la verdad huye la justicia es vencida por la mentira.

La pereza, además de ser un pecado capital, podría ser adjudicado a un sin número de razones.

Quizás sea necesario avanzar en reformas estructurales profundas que permitan aplicar las leyes con mayor rigurosidad.

Quizás sea necesario determinar si el poder judicial no juega un rol político dejando hacer al delito.

O quizás los hechos delictivos que se perpetran todos los días y en distintas modalidades sea solo una exageración de la opinión pública.

La percepción es univoca; cuando el accionar de la justicia es lento, la verdad huye, el crimen gana y no se provee justicia aunque la seguridad funcione.

 

 

 

 

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