Xiamen, China – 29 de mayo de 2026
Mientras el radar de la opinión pública internacional continúa fijado en las disputas geopolíticas de las grandes potencias y las fricciones comerciales globales, en la ciudad de Xiamen se consolidó un debate menos mediático pero mucho más determinante para el diseño de las próximas décadas: cómo se estructurará la nueva revolución industrial y, fundamentalmente, desde qué espacios se liderará. En este escenario se desarrolló el Foro BRICS sobre la Asociación para la Nueva Revolución Industrial (PartNIR 2026).
Impulsado por el Gobierno de China, este espacio estratégico congregó a carteras gubernamentales, corporaciones tecnológicas, universidades y organismos multilaterales bajo un vector común: acelerar la transición hacia la manufactura inteligente, la digitalización profunda, la inteligencia artificial y la reconversión energética.
Sin embargo, el hito político más disruptivo del encuentro excedió lo estrictamente tecnológico. El lanzamiento oficial de la Red Internacional de Ciudades Socias para la Nueva Revolución Industrial —integrada en su nacimiento por nodos urbanos de África, Europa, Asia y diversas metrópolis chinas— marca un quiebre de paradigma.
El hecho revela una transformación profunda en el modo que China concibe el desarrollo global: pensar la política internacional y construir los grandes cambios del futuro ya no son temas de propiedad exclusiva de los gobiernos nacionales o las diplomacias, sino de las ciudades. Este paso institucional abre el primer gran debate de fondo.
Durante más de dos siglos, el orden internacional se pensó y se ejecutó casi exclusivamente a través de los Estados Nación. Hoy, sin sustituir esa matriz, emerge un actor con una agilidad y una capacidad inédita para tejer alianzas globales, capturar cooperación y traccionar desarrollo: los gobiernos locales. No se trata de un simple cambio, sino de un giro de 180 grados en la forma de gobernar y transformar la realidad.
Existe una comprensión tardía pero urgente de que los desafíos estructurales de nuestra era —la transición hacia energías limpias, la digitalización del Estado, la modernización de la infraestructura, la gestión hídrica, la movilidad urbana y la formación de talento para la era de la IA— no se resuelven en la abstracción de los organismos nacionales, se resuelve en los territorio.
Es allí, donde la ciudadanía habita, donde se consume la energía y donde se gestionan las tensiones de la vida cotidiana, donde las políticas públicas se vuelven reales o fracasan. Por ello, la magnitud de este proceso ayuda a comprender que no estamos frente a una simple declaración de intenciones o un foro de diplomacia blanda.
El Centro de Innovación PartNIR de los BRICS (BPIC), con sede permanente en Xiamen, demuestra el peso específico de esta estrategia: en apenas cinco años ha organizado más de 50 encuentros internacionales, impulsado 138 proyectos de cooperación de alto impacto y movilizado inversiones superiores a los 62.000 millones de yuanes (equivalentes a más de 9.100 millones de dólares). La red es, en esencia, una plataforma operativa diseñada para conectar de forma directa a los gobiernos locales con el capital, la ciencia y la industria global.
Este protagonismo de las ciudades introduce una segunda discusión necesaria sobre el vector de la globalización. Tras décadas de predominio de un modelo financiero, desterritorializado y de concentración de rentas que subordinó al trabajo y a las comunidades locales, lo discutido en Xiamen traza un vector opuesto.
La pregunta ya no es si el mundo continuará hiper globalizado, sino bajo qué reglas y qué tipo de globalización se va a construir.
La visión que emerge desde el bloque de los BRICS devuelve el centro de gravedad a la economía real: infraestructura, energía, logística, soberanía alimentaria y transferencia tecnológica. Frente a la especulación de los flujos financieros abstractos, se impone una agenda de cadenas de valor tangibles y de fortalecimiento productivo de las comunidades locales.
Es en este nuevo mapa de oportunidades donde la articulación directa entre los gobiernos locales, el entramado científico-tecnológico y la economía asociativa adquiere una relevancia estratégica. La participación activa en el Foro de Intendentes, funcionarios y la representación de la economía social argentina nucleada en el Grupo CEDA, no fue una mera escala protocolar. Fue el reconocimiento explícito de que las respuestas a las crisis contemporáneas nacen de la sinergia entre quienes gestionan el territorio y quienes producen en él.
La delegación integrada por representantes de Paraná, Villaguay, Santa Fe y organizaciones de la economía social fue reconocida institucionalmente dentro del marco del Foro BRICS como la representación argentina participante. Este hecho incorpora formalmente a nuestros territorios a la mesa donde se están diseñando las reglas de juego del siglo XXI.
La Nueva Revolución Industrial no está determinada por una tecnología aislada, sino por la convergencia de la IA, la automatización y las energías limpias. Y el dato clave es que estas transformaciones ya no pertenecen al imaginario, sino que son demandas urgentes de los gobiernos locales. El alumbrado inteligente, la eficiencia energética, el tratamiento de efluentes, la simplificación digital de los servicios y el agregado de valor agroindustrial son la agenda real y cotidiana de Paraná, Villaguay y de toda la Región Centro.
La principal conclusión que se desprende de Xiamen es que la integración internacional ya no se agota en las fronteras nacionales. Las provincias, las regiones y los municipios tienen el derecho y la obligación de ser actores internacionales activos si pretenden asegurar el bienestar de sus habitantes.
En ese tablero, la presencia de Entre Ríos adquiere un valor paradigmático. Paraná, como capital política e institucional, aporta la capacidad de planificación urbana, la densidad institucional y la visión de servicios a gran escala; Villaguay, como corazón geográfico y productivo, encarna la fuerza de la agroindustria, el trabajo de proximidad y la generación de valor económico genuino. Esta complementariedad provincial demuestra que, para subirse a la ola del desarrollo tecnológico, se necesita tanto de la potencia de la gestión pública local como de la vitalidad de sus fuerzas productivas.
El paso por el Foro PartNIR 2026 deja una lección fundamental: en un escenario global en profunda transición, el destino de las comunidades locales sigue estando en manos de su propia capacidad de organización. Los líderes locales, los productores, la academia, el mutualismo y el cooperativismo son los verdaderos constructores del desarrollo. Frente a la inercia macroeconómica o las tensiones de las grandes potencias, la tarea impostergable de los gobiernos locales sigue siendo la misma: blindar, potenciar y generar valor real sobre su propio territorio. Comprender las coordenadas del mundo actual ya no es un ejercicio intelectual; es la condición indispensable para gobernar el futuro.
Por: Emiliano Gómez Tutau. Concejal de Paraná. Integrante del Grupo CEDA.
