Tras el fracaso judicial, la CGT y las dos CTA sellan la unidad y diseñan un plan de lucha con marcha federal y paro general en el horizonte

Tras el fracaso judicial, la CGT y las dos CTA sellan la unidad y diseñan un plan de lucha con marcha federal y paro general en el horizonte

El movimiento obrero organizado comenzó a mover sus piezas para configurar un nuevo e intenso escenario de conflictividad social. Tras un sorpresivo encuentro celebrado este jueves, la cúpula de la Confederación General del Trabajo (CGT) y los referentes de las dos CTA (de los Trabajadores y Autónoma) acordaron dejar de lado sus históricas diferencias con un objetivo común: estructurar un plan de lucha unificado frente al severo ajuste económico implementado por la administración de Javier Milei.

La estrategia de las centrales sindicales, que se cocina a fuego lento y no prevé fechas inmediatas para evitar que coincidan con la atención pública puesta en el Mundial, contempla una hoja de ruta progresiva. El esquema diseñado incluye el abordaje de conflictos sectoriales, recorridas conjuntas de los dirigentes por el interior del país y, como platos fuertes, una masiva marcha federal que confluirá, eventualmente, en un nuevo paro general nacional.

El fracaso judicial y el ensayo en Ginebra

La decisión de activar la calle maduró luego de que el sindicalismo sufriera un duro revés en los tribunales, donde naufragó la estrategia judicial que buscaba frenar la reforma laboral de la gestión libertaria. Ante este panorama, y tras haber denunciado formalmente las políticas «antiobreras» de la Casa Rosada en la reciente conferencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Suiza, los gremios asumieron que el escenario de disputa volvió a centrarse estrictamente en la acción directa.

Aquel viaje a Ginebra funcionó, precisamente, como el ensayo político que pavimentó el camino para la foto de unidad en Buenos Aires. El jueves, en una mesa poco habitual, se sentaron por el lado de la CGT los dirigentes Jorge Sola (Seguro), Cristian Jerónimo (Vidrio) y Octavio Argüello (Camioneros). En frente estuvieron Hugo Yasky (CTA-T) y Hugo Godoy (CTA-A).

«Las tres partes quedaron muy satisfechas. Se trataron de dejar los matices a un costado», graficó a la agencia Noticias Argentinas un dirigente que participó activamente de las deliberaciones.

Un diagnóstico grave y una agenda en construcción

Durante el cónclave, los popes sindicales coincidieron en calificar de «grave» la coyuntura socioeconómica del país. Pusieron especial énfasis en alertar sobre el deterioro generalizado de las condiciones laborales, la ola continua de despidos tanto en el sector público como en el privado, y la constante pérdida del poder adquisitivo de los salarios frente a la inflación.

A pesar de que sectores dialoguistas de la CGT aún miran con cierta desconfianza una alianza permanente con las CTA —cuyo fuerte de representación radica principalmente en los gremios estatales y docentes—, la severidad de la crisis terminó por amalgamar las posiciones.

La intención de las centrales es fortalecer el movimiento obrero desde el interior hacia la capital. En lo inmediato, la estrategia se enfocará en apuntalar los reclamos de los distintos sectores en crisis y coordinar visitas a las provincias para federalizar la protesta. Los dirigentes gremiales ratificaron que mantendrán estos encuentros de manera periódica para terminar de pulir la agenda común de reivindicaciones y definir el momento preciso en el calendario para convocar a la gran movilización nacional y la posterior huelga.

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